La fe no es creencia ciega ni esclavitud mental a doctrina, credo ni evangelio.
No es una aceptación incuestionable de dogmas, o de las palabras/enseñanzas/ideas de otros.
La fe es un saber, una intuición, una convicción interior, de que hay más que solo el universo superficial generalmente aparente para nosotros.
Es una confianza en algo más profundo, algo quizás indefinible pero sin embargo más real que el paso temporal de la “realidad diaria” material.
Es un saber interior de que somos más que solo máquinas de carne basadas en carbono viviendo mecánicamente a merced de nuestra herencia genética.
La fe reconoce que hay inteligencia benevolente que nos sostiene y guía, algo que hace que lo que sea que suceda esté “bien”, porque lo que sea que suceda ocurre por buena razón, como parte de un Cuadro Mayor, un flujo, un diseño.
En el momento turbulento actual de la historia, cuando el miedo es tan prevalente que puede fácilmente abrumarnos y deprimirnos, cultivar la fe nos ayudará a superar nuestras propias ansiedades internas y avanzar en nuestro camino personal.
Una práctica adecuada y comprometida nos apoya en esto, dándonos dirección y fuerza.
Meditación, servicio a los demás, devoción a deidades o poderes superiores, ejercicios físicos/de respiración son todas buenas opciones para que elijamos.
La práctica regular y comprometida nos ayudará a calmar nuestros pensamientos/emociones/sentimientos agitados, permitiendo así que nuestro saber más profundo irradie hacia nuestras vidas diarias.
La práctica del Yoga no requiere creencias específicas más profundas, pero es común que estas surjan al caminar por el camino.
La palabra sánscrita para fe es śraddhā.
Yoga sutras 1:20
“śraddhā-vīrya-smṛti-samādhi-prajñā-pūrvakaḥ itareśām.”
“A través de la fe, que dará suficiente energía para lograr el éxito contra todo pronóstico, se mantendrá la dirección. La realización del objetivo del Yoga es solo cuestión de tiempo.”
traducción: TKV Desikachar